Visita a la Reducción Jesuítica Santa Ana

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Acompañando al equipo de arqueólogas que realiza su labor en la Reducción, nos trasladamos para hacer un registro fotográfico de una jornada de trabajo. Nos acompañó el clima, aunque hubo algunos chubascos por la tarde, lo que no detuvo a estos entusiastas profesionales que siempre encuentran tareas para realizar.

Se llega al terreno, se delinea la zona a analizar, se mide, marca y encordela y sobre ese espacio, se excava. La Dra. María Victoria Roca, egresada de la Universidad Nacional de Rosario, y doctorada por la Universidad Nacional de Córdoba, actual becaria posdoctoral CONICET-IESyH, encabeza el grupo que hoy encara la actividad, acompañada por la Dra. Lorena Salvatelli (Museo Andres Guacurarí) y Lucas Godoy (estudiante).
En esta campaña se identifican los sectores de cultivo, cuáles son las parcelas, los andenes (caminos intermedios) y la recuperación y puesta en valor del Huerto, espacio que ha sido algo olvidado, invisibilizado, y a partir de diferentes procesos históricos, incluso dejado fuera de los espacios que están actualmente protegidos.
Este proyecto específico que llevan adelante “tiene como fin la reconstrucción de este huerto el de Santa Ana, porque no todos los huertos eran iguales, qué especies se cultivaban, cuáles eran los frutales, las hortalizas, las aromáticas, las medicinales y cuáles las ornamentales, ubicarlas donde se cultivaban, recuperar el entorno, el cerco perimetral que es único, porque está completo casi en su totalidad, que además tiene detalles constructivos que hablan de una concepción integral, por parte de Brasanelli, sacerdote jesuita que trabajó en Santa Ana, el muro perimetral que tiene una forma particular que se repite también en el del cementerio de guaraníes. Además se está trabajando en una de las escaleras que baja del sector de talleres al huerto, y se está profundizando la investigación en el sistema de canalización de agua de la misión y su conexión con el sistema de regadío”, comenta la Dra. Roca.

Además de los mosquitos y mbarigüíes, el calor y la humedad, lo que nos acompañó en toda la estadía, fue la gran pasión que estos arqueólogos sienten por su trabajo, el disfrute con que encaran cada tarea y las ganas que ponen (junto a los recursos propios) para poder seguir adelante con su investigación, la que no sólo genera conocimiento, sino y sobre todo, nos ayuda a comprender un poco más, de esta relación blanco-indio que se desarrolló por estas tierras, durante los siglos XVII a XVIII.

 

 

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